Langorec

Sep 08, 2023

Una nueva vida: día 4

Estaba haciendo la colada, al mismo que otras dos cosas, y repetidamente, una imagen se fijaba en mi mente. Había toda esta ropa: camisas, pantalones, calzoncillos y pares de calcetines. Nada más que mi propia ropa, agua y ceniza.

Y aquí, en frente de los elementos básicos de mi soledad, me di cuenta de que he estado solo toda mi vida. Por supuesto, tuve varias relaciones: mi familia, mis colegas, mis vecinos, mis novias, mis amigos… Pero pensando en cada uno de ellos, no se me ocurre nadie que haya querido más que Zor. Y darme cuenta de eso, me parece que es algo que dice mucho sobre la naturaleza de mi vida.

No tiene nada que ver con todas estas personas de mi vida pasada. Entre ellas, seguro que había personas que hubiera podido amar. El problema era yo: no era capaz de querer a alguien, de amar a alguien, de vivir intensamente con alguien.

El hecho de que ahora, tengo una relación más fuerte con una zorra que encuentro a veces y con la que no intercambio ninguna palabra, me dejo pensativo. ¿Qué ha pasado antes?

Me doy cuenta de que, en el pasado, nunca consideré a nadie como a un individuo, al igual que yo. Con mi familia, es, siempre he visto de esa manera a mi madre, a mis hermanas y a los demás. Fueron como partes de un decorado donde evolucioné y que permanecieron alrededor. Con los colegas o los vecinos, era casi lo mismo, aunque el contexto algunas veces cambió en mi vida: a los que me gustaban los veía como funciones disponibles en un lugar o un tiempo preciso: él, con el que tomábamos café, ella, la que me ayudó, etc.

En este ultimó caso, ellos podían cambiar de categoría. Primero, algunas de mis colegas se convirtieron en mis novias. Pero, incluso en este tipo de relación, las cosas no fueron realmente diferentes. Las interacciones fueron más íntimas, pero era sólo otra forma de servirme de alguien para mi propio bienestar: expresé mi deseo, mi placer, mi necesidad sin percatarme de que podía darlas la gana. Nunca he sido otra cosa que un compañero de piso íntimo.

Y con los que llamaba mis amigos, fue más de lo mismo. Ahora me doy cuenta de que jamás he tenido verdaderos amigos. Fueron compañeros y compañeras de juego, de deporte, de bebida. Creía que éramos amigos porque los veía frecuentemente y para hacer cosas que nos gustaban. Pero, ahora, sé que solo me importaba el colectivo, "los amigos". No me molestaba cuando alguien no podía estar con nosotros.

Estaba haciendo la colada y lloré muy lentamente.

Corrector: juestebanmar
Original: Una nueva vida: día 4 (LangCorrect)