Una nueva vida: día 2
Esta mañana, me di cuenta que las estaciones pasan y que no podía aprovecharlas. Había llovido hace unos días y sabía que debía de haber hongos en el bosque. Pero no sabía mucho sobre la recolección de las setas. Había comprado un libro de segunda mano en la feria del pueblo. Luego de terminar una gran tasa de mate tibio, saqué una antigua cesta de mimbre de la despensa, tomé mi cuchillo y me fui.
Durante toda la mañana no encontré nada de nada. Cuando me dio hambre me di cuenta de que no había anticipado que las cosas fueran a resultar así. Mientras estaba en mi búsqueda de seta, había visto unos nogales, por lo que regresé hasta donde estaban para comer unas nueces. Por suerte, había colocado un dátil en mi bolsita antes de salir de casa.
El suelo era demasiado húmedo como para sestear y lo único que podía hacer era continuar o regresar. Sin mucho entusiasmo, opté por la segunda opción, y por lo que continué por otro camino que se adentraba por las partes más sombras del bosque. Me hubiera gustado que Zor estuviera conmigo, pero estaba solo. Había setas, pero ni una sola era comestible.
Luego de un rato, al notar que el sol se ponía, tomé la decisión de regresar con las manos vacías. No había sido un mal día, pero estaba un poco frustrado. No sé por qué, pero mientras volvía a casa por un camino por el que ya había pasado, vi algo a mi izquierda que no había visto la primera vez. Al acercame, me di cuenta de que era sólo una oronja falsa. Sin embargo, justo al lado, había un tesoro: ¡una calabaza! Había dos setas más, recogí todo y me fui, alegremente.
Cuando llegué a casa, el crepúsculo se había retirado para que brillara la noche. Antes de poner todo en la sartén, calenté una buena cantidad de leche de almendras para darme energía y calor.
Original: Una nueva vida: día 2 (LangCorrect)