Una nueva vida: día 5
Estaba tomando un gran café al puesto del hortelano cuando llegó una clienta. Hablamos de mi intoxicación de setas y ella me respondió que en cuanto a eso, lo mejor es siempre mostrar le las setas a alguien más. Ese consejo me hizo acordar violentamente de mis pensamientos del día anterior. No sé qué impresión di en ese momento, pero la mujer me miró con ojos largos, luego con el seño fruncido. Me quedé sin palabras, y después de un silencio, habló de nuevo:
«Si no tienes nadie que revise tus setas, puedes preguntarme a mí.»
Esta frase fue como un soplo de aire fresco. Asentí con la cabeza, y ella siguió hablando de las setas, del pueblo, de la vida. Le dije que me encantaría si pudiéramos ir juntos a recoger setas, y ella estuvo de acuerdo con la proposición. Acordamos una cita y me fui, el espíritu más ligero.
Me di cuenta de que las setas fueron sólo un pretexto: lo que quería era saber más de ella, de su vida.
Original: Una nueva vida: día 5 (LangCorrect)